El desarrollo de una gran parte de los tumores del tubo digestivo, especialmente en el cáncer de colon, la secuencia de acontecimientos que ocurre pasa por el desarrollo de una lesión precancerosa que en medicina se conoce como “adenoma” en sus distintas formas, y que, de manera popular, se conocen como “Pólipos”.

Por lo tanto, algunos “pólipos” son lesiones premalignas del tubo digestivo.

¿Qué síntomas ocasiona?

Habitualmente estos pólipos raramente producen sintomatología, salvo cuando se sitúan en el tramo final del colon, muy cercanos al ano, y crecen suficiente, que pueden provocar la aparición de sangre mezclada con las heces.

¿Cómo se diagnostican?

La manera de diagnosticar las lesiones premalignas del tubo digestivo, casi siempre pasa por métodos invasivos. Si bien, cuando son suficientemente grandes y protruyen hacia la luz del colon, se pueden ver también en pruebas de imagen. Sabiendo, además, que en ocasiones estas lesiones producen un mínimo sangrado, indetectable cuando las heces se examinan a simple vista, se puede realizar un test de Sangre Oculta en Heces (forzosamente con tres muestras de tres deposiciones diferentes y preferiblemente mediante un test que se denomina inmunológico), para detectar la presencia de sangre no detectada de visu.

A pesar de todo, las pruebas más precisas y que más lesiones detectan, son las endoscopias: La gastroscopia para las lesiones de esófago, estómago y duodeno, la Colonoscopia para lesiones del colon y el recto y la cápsula endoscópica / enteroscopia para las lesiones del intestino delgado.

¿Cómo se tratan?

Si dentro de la medicina existe controversia a la hora de abordar distintos problemas, en el caso de los pólipos de colon existe un gran consenso para tratarlos siempre de manera endoscópica, independientemente del tamaño o la localización, parece razonable asumir que la primera opción siempre debe de ser la opción de quitar estas lesiones por endoscopia, puesto que evita cirugías innecesarias al paciente, la recuperación siempre es rápida y en ningún caso supone una mutilación del paciente.

Debe de intentarse, en la medida de lo posible, quitar estas lesiones en una única pieza, que siempre se remite al especialista en Anatomía Patológica, nuestro experto en mirar las lesiones bajo la luz del microscopio, y que es quien nos dice, tras la minuciosa exploración de la pieza, que el pólipo está completamente quitado y el “nombre y apellidos” del mismo, lo que siempre tiene un valor fundamental para plantear la vigilancia endoscópica del paciente.

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